DEBORA PONTECORVO

La primer mujer piloto militar de la Argentina

 

Una chica de Ciudad Evita es la primera piloto militar de la Argentina

 

Al comando de un avión Beechcraft B-45 Mentor, y a más de 260 kilómetros por hora, Débora Pontecorvo, una ciudaevitense  de 24 años, se convirtió ayer en la primera piloto militar de la historia aérea argentina.

Con su metro cincuenta y siete de estatura, y su pelo castaño recogido en la nuca como una bailarina, es la única mujer de la promoción 70º del Curso de Aviadores Militares que logró la meta de pilotear sola un avión luego de "cinco años de esfuerzos y estudio, estudio y esfuerzo", confesó a Clarín, poco antes de su vuelo de bautismo. Y como para que no quedaran dudas, recordó sin ufanarse, que de las 20 jóvenes que ingresaron en 2001, sólo tres se convirtieron en las primeras cadetes mujeres de la Fuerza Aérea, y únicamente ella llegó a piloto.

 "Nunca quise ser otra cosa de lo que soy ahora", sostiene firme pero con tono dulce. "Volar es lo que más deseé y deseo. Así que no me queda tiempo para nada. Ni para tener novio. Yo solamente estoy enamorada de mi avión", sonríe. En el casino de oficiales del cuartel donde vive junto con sus compañeros, Débora toma café negro y se aferra a la taza para "soportar los nervios de la entrevista". Su instructor de vuelo, Juan Manuel Cimatti, se ríe de lo que califica como una paradoja: "Ella es muy segura. No le tiene miedo a nada. ¡Ojo! No es temeraria —aclara—. Su principal característica es su seguridad y tranquilidad para pilotear". Sin embargo, ante los periodistas, los dos admiten, que a la joven nacida y criada en Ciudad Evita, "le faltan horas de vuelo". Cuando supera la timidez se anima a revelar algunos detalles de su vida. Cuenta que tiene dos hermanos: Martín (28) que es piloto militar en Mendoza, y Fabiana (35), maestra jardinera. También confiesa que sus papás "no lo podían creer" cuando les dijo que seguiría la misma carrera del "varón de la casa". "Y eso no fue nada", agrega. "Cuando les comuniqué que mi próxima meta era pertenecer a la Escuadrilla Cruz del Sur, casi les da un ataque", dice. "La agrupación —explica rápida—, tiene su "nido" en Mendoza y no es otra cosa que cinco pilotos que hacen acrobacias con sus aviones de guerra". Un exclusivo "cuerpo" al que desea pertenecer y por el que le brillan los ojos, mientras se alisa el uniforme con las manos. Unas manos pequeñitas de un piloto que quiere ser grande. "Mi papá me dice desde hace algunos meses: 'Vos estás haciendo historia y no te das cuenta. Vas a salir en los libros, y no te das cuenta'. Yo todavía no lo puedo entender. Recién ahora que está pasando, lo creo un poquito más. Pero todavía no lo puedo entender del todo". —¿En algún momento pensaste que te habías equivocado, que esto no era para vos? —No. Nunca. Pero sí hubo mucha angustia cuando me creía que no iba a aprobar los exámenes. Cuando me dolía la cabeza de la presión del estudio. Cuando tuve gastritis. Cuando pensaba que el avión era muy grande para mí. Cuando me sentía la más sola de la tierra. Pero nunca pensé irme. Además, mis compañeros y mi instructor me ayudaron mucho. Como para que no queden dudas, Cimatti aporta: "No debe haber sido fácil para ella. Pero lo soportó en silencio y salió adelante. Débora es la punta de lanza de toda una generación de mujeres. Y eso es mucha presión". Entonces la pregunta del millón. Qué se siente allí arriba. Sola. En el cielo. Sin nubes y con el sol como testigo.

 "Libertad. Eso se siente —confiesa—. Sos vos, el avión y Dios. Nada más". Y nada menos.

 

Fuente: CLARÍN

 

 

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